curiosidades

Una joven encuentra un teléfono perdido, lo que encontró en la galería de fotos fue aterrador

Estaba tirado cerca de mi apartamento. Un iPhone 4 blanco en sorprendente buen estado. Lo recogí del suelo para echarle un vistazo más de cerca. Seguramente pertenecía a una chica adolescente, a juzgar por la terrible cantidad de purpurina que tenía su carcasa.

Examiné el teléfono con atención, a pesar del mal gusto. Había resistido bastante bien al impacto de lo que supuse sería una caída desde una mochila escolar. De hecho, no solo había sobrevivido,  sino que estaba en muy buenas condiciones. Sin fisuras, sin golpes, sin abolladuras… nada.

Entré en mi apartamento, tiré la bolsa al suelo, me quité el abrigo y los zapatos y continué examinando el teléfono. Quien quiera que lo hubiese perdido lo estaría buscando. Tras presionar el botón de inicio, la pantalla se iluminó. Deslizando mi dedo a la derecha, descubrí que ni siquiera estaba bloqueado. “¡Qué estúpidos son los adolescentes!” -me dije a mí misma, como si yo nunca hubiera sido una niña. Busqué en los contactos, y pulsé para llamar a uno que decía “mamá”.

 

Nada.

Era como si la pantalla táctil no respondiese a los toques de mis dedos. Desconcertada, presione “llamada” de nuevo. Otra vez más. Nada.

Fue en ese momento cuando recibí una llamada en mi teléfono, un iPhone 6 negro. Rodé para responder y la voz de mi mejor amiga llegó hasta mis oídos.

“¡Ey, Amanda!, ¿cómo fue la prueba de hoy?”

El teléfono quedó momentáneamente olvidado, y caí en un profunda conversación con Anna por el absoluto caos que envuelve la vida de una estudiante universitaria. Hablamos un poco de todas esas cosas que preocupan a las veinteañeras antes de salir de fiesta.

“¿Qué haces esta noche? Hace poco que han abierto una discoteca genial en el centro y algunos de mis amigos quieren ir. ¡Tienes que venirte con nosotros!”

Contemplé la comodidad de mi apartamento. Yo soy una persona tranquila, de esas que prefieren quedarse en casa y disfrutar un buen libro. Todo lo contrario que mi amiga Anna, que le encanta salir y siempre se está metiendo en un montón de problemas. Pero bueno, los polos opuestos se atraen, ¿verdad? así que para deleite de Anna, que no paraba de chillar, sonreí y acepté la invitación. Por mucho que me apeteciera quedarme en casa, ¿quién puede negarse a la petición de su mejor amiga?

Hicimos planes y me colgó el teléfono. Entonces me acordé del teléfono móvil que me esperaba tirado en el sofá. Lo recogí, abrí la información del contacto de “mamá” y copié el número en mi teléfono. Si la pantalla no funcionaba, al menos podía llamar así.

El teléfono sonó durante largo rato y justo cuando estaba a punto de colgar, una voz inquisitiva respondió por el altavoz.

“¿Sí?”

Traté de no desanimarme con tan grosera respuesta.

“Hola, uhhh… Mi nombre es Amanda y he encontrado un teléfono móvil cerca de mi apartamento… Creo que es de su hija, ¿hay alguna manera de hacérselo llegar?”

Aparte de una respiración entrecortada, la línea quedó en silencio durante unos instantes. Entonces respondió: “¿Esta mierda te parece divertida? ¡Basta de hacer bromas estúpidas!”

Colgó el teléfono dando un golpe y yo quedé sin habla durante unos segundos. ¿Qué demonios le pasaba? Completamente confundida, volví a comprobar el número. No, había marcado el número correcto… Bueno, si la llamada no tenía sentido para ella no era mi problema. Tarde o temprano alguien llamaría y tendrían que ser ellos quienes dieran explicaciones. Sea como fuere se resolvería solo.

Todavía tenía unas cuantas horas libres antes de salir de fiesta con Anna, por lo que me dispuse a leer La buena tierra y comer una bolsa de patatas fritas.

Cuando estaba completamente sumergida en la historia, un fuerte pitido me sobresaltó.

BIP BIP BIP

Miré alrededor y mis ojos se toparon con la pantalla iluminada del iPhone de color blanco. ¡Oh!, eso debe ser su tono de llamada -pensé. Miré el identificador de llamadas. Restringido.

Descolgué el teléfono.

“¿Hola?”

Ruido.

“¿Hola…?”

El ruido era cada vez más intenso y fuerte. Traté de hablar unas cuantas veces más sin obtener respuesta y cuando estaba tratando de moverme con el teléfono en busca de mejor cobertura…

Click.

Llamada terminada.

Eh… Debe haber sido un error. Estúpido teléfono, no iba a conseguir nada de él.

Volví a mi libro y proseguí con mi tranquila lectura durante unas horas. Una hora antes de mi cita, me puse una camiseta brillante -que Anna me había prestado, por supuesto-  y unos shorts negros. También me puse tacones altos y lápiz de labios color cereza. Pensé que ya me había arreglado lo suficiente y justo cuando estaba a punto de salir por la puerta, el teléfono volvió a sonar.

BIP BIP BIP

Tomé el teléfono del sofá y me quedé mirándolo. Restringido. Hice mueca de aburrimiento y respondí de nuevo.

“¿Hola?”

Nada esta vez. Ni ruido ni nada. Ni un sonido. Parecería que la línea estaba muerta. En serio, ¿qué problema hay con esta cosa? Tal vez debería llevarlo a la comisaría de policía mañana y que sean ellos los que prueben suerte con él…

“¿Puedes oírme?”

Solté un grito. La voz de la mujer había llegado alto y claro, fuerte y sin tono. Pero sonaba… rara. No había ningún otro sonido o ruido de fondo. Puse el auricular en mi oído de nuevo y procedí con cautela.

“¿Hola? Oye, verás encontré este teléfono, ¿Sabes de quién es?…”

Click.

Llamada terminada.

En este punto estaba muy enfadada. ¿Se estaban riendo de mí? Tiré el teléfono en el sofá de nuevo. ¡Basta! ya me preocuparé cuando vuelva a casa. ¿O tal vez debería dejar que Anna tratara con el móvil? Ella es mucho mejor que yo en este tipo de cosas.

Con este pensamiento rondando en mi cabeza, me dirigí a la puerta y salí de casa.


El nuevo club fue bastante divertido. Resultó también que de entre todos los amigos de Anna, hubo uno que era justo mi tipo: alto, pelo oscuro, fuerte y confiado, aunque quizás algo controlador. Lo sé, estaba buscando problemas. Pero un pequeño problema está bien de vez en cuando. Además, era mútuo. No hubo dudas cuando cogió mi móvil, y se llamó a su número entre risas para guardarse mi teléfono.

“Te recogeré para salir el sábado. ¡Será mejor que estés lista a las 8!”

Sentí un escalofrío de emoción por mi columna vertebral. ¡Oh, claro que sí!, lo estaría.

Me quedé en casa de Anna y pasamos el resto de la noche viendo películas malas de terror que ya habíamos visto un millón de veces antes. Hicimos brownies también, bueno solo la masa ya que, en realidad, nos la comimos cruda. Eran las cuatro de la mañana cuando nos fuimos a dormir y no regresé a casa hasta el medio día del día siguiente. Gracias a Dios, no tenía ninguna clase los viernes.

No fue hasta que me hube duchado y tomé el desayuno que reparé en el teléfono de nuevo. No sé por qué, con solo mirarlo, me hacía sentir incómoda. Decidí llevarlo a la policía ese día.

Estaba a punto de meterlo en mi bolso, cuando la pantalla se iluminó.

Nuevo mensaje: archivo adjunto.

Controlé la pantalla. El mensaje provenía también de un número restringido.  Me estremecí.

Abrí el archivo adjunto.

Era una imagen. Una fotografía de mí. Tomada desde el interior del club mientras hablaba con “Mr. Chico Malo”. Era una fotografía de cerca, tomada a solo un par de metros de mí.

Se me cayó el teléfono al suelo. Pude sentir cómo la sangre escapaba de mi rostro, y una palidez extrema se instalaba en mis mejillas.

Mi corazón latía como un loco, pero mi cerebro se reveló y entro en modo lógico.

Ahora sabía que no tenía el teléfono por casualidad. Alguien lo había dejado fuera de mi apartamento con la esperanza de que yo lo encontrara. Tenía sentido, ¿verdad? De lo contrario, ¿cómo esa endeble funda brillante iba a haber protegido el teléfono del duro hormigón?

¿Quién y por qué quiere que tenga este teléfono? Está claro que pretenden acosarme, pero ¿por qué razón? Pensé en mi padre. Él era policía y tal vez hubiese cabreado a alguien. Aunque parecía poco probable, pues yo vivo lejos de mi ciudad natal. ¿Y si fuera yo quién había molestado al tipo equivocado? Me devané los sesos pensando, pero no llegué a ninguna conclusión. Siendo honesta, tampoco tengo una gran vida social.

Aun así tenían que saber quién era yo. Me habían seguido al club, me habían hecho una foto y… la habían enviado al teléfono que recogí más tarde.

Mientras pensaba en ello, el teléfono sonó de nuevo.

BIP BIP BIP

Restringido.

Esta vez no tuve dudas. Descolgué el teléfono y dije con vos fuerte y enojada: “¿Quién diablos eres? No tengo tiempo para jugar a esta mierda. ¿Crees que tengo miedo de un mierda como tú?”. Y otros mil improperios más que salieron de mi boca.

Silencio.

“¿Estás ahí?”, respondió la misma voz monótona y sin emociones.

Click.

Llamada terminada.

Admitiré que me asusté mucho por esto, y tomé la decisión en una fracción de segundo. Recogí mi mochila, la llené con lo imprescindible, agarré los teléfonos, salí de casa y corrí hacia mi coche. Monté de un salto, cerré la puerta y salí a toda velocidad por la calle, todo ello sin apartar los ojos de los espejos retrovisores, para asegurarme de que nadie me seguía.

Conduje por la ciudad durante unas horas, dándole vueltas a la cabeza. Fuera quien fuera y la razón que tuviera para hacer esto, no iba a ser la víctima de una broma macabra.

Una vez que estuve segura de que nadie me seguía, me detuve y llamé a Anna. Le expliqué la situación y ella accedió a dejar que me refugiara en su casa.

“Yo te ayudaré a coger a ese tipo”, dijo.

Unos 20 minutos después, llegué a su casa. “Ok, vamos a atraparlo”, dije.


Nos sentamos en su sala de estar y sacamos el teléfono. Si íbamos a atrapar a ese hombre -o mujer-, íbamos a necesitar toda la ayuda que pudiéramos conseguir. Y esa ayuda consistía en inspeccionar ese extraño teléfono.

Desbloqueé el móvil y lo puse en la mesa. “¿Por dónde empezamos?”, pregunté.

“Imágenes”, dijo Anna.

“De acuerdo”.

Hice click en el icono de la galería y comenzamos a ver las fotos por el principio. Las primeras eran… normales.

Una adolescente de pelo largo y rubia, intensos ojos azules, una sonrisa algo dentuda y un poco de acné se había tomado una gran cantidad de selfies y fotos con sus amigos. A juzgar por su apariencia, pensé que había estado en lo cierto en cuanto a mis suposiciones, y el móvil pertenecía a una alumna de secundaria. Pero si era realmente así, ¿por qué estaba haciendo esto? Y lo que es más importante ¿tenía algo que ver con lo ocurrido? Sin duda, habría necesitado una identificación falsa para entrar al club y hacer la foto. Además, estaba segura de que habría reparado al ver a alguien tan joven en el local. Esto no tenía sentido.

Continuamos contemplando las fotografías. Muy pronto un chico comenzó a aparecer en las imágenes, con el pelo castaño desordenado y una sonrisa encantadoramente peligrosa. Parecían tener una estrecha relación. Sus amigos fueron desaparecieron lentamente de las fotos, siendo remplazados por quien supuse se debía haber convertido en su novio.

Entonces la siguiente foto resultó estar en negro. Eso era todo: oscuridad. Pensando en una mala toma, pasé a la siguiente fotografía.

Negro.

Observando la foto negra, Anna se encogió de hombros. “Esto es muy extraño”.

Pasé de nuevo la foto y, de repente, todo estalló en color.

La adolescente de pelo rubio estaba allí de nuevo, tumbada en el suelo. Su melena, sin embargo, se veía color rubio fresa. Tardé un momento en darme cuenta de que, en realidad, estaba manchado de sangre. Tenía la cabeza torcida hacia un lado, al igual que el brazo derecho que estaba en un ángulo extraño. Sus ojos azules, que antes eran brillantes, estaban embotados y miraban al vacío. Estaba muerta.

Anna dejó escapar un grito.  Yo tiré el teléfono y escapé hacia el baño para vomitar. Pasaron unos minutos hasta que me pude recuperar y regresar. Anna estaba temblando en el sofá, mirando el teléfono que seguía tendido donde yo lo había tirado.

“¿Estás bien?”

Anna asintió. “¿Qué diablos es esto?, preguntó.

“No sé”, admití.

“Tenemos que averiguar quién es esta chica y si su novio hizo esto”.

Asentí con cautela y cogí el teléfono de nuevo. Suponía que las imágenes restantes podrían darnos más pistas.

Sin mirar demasiado, pasé de largo por el sangriento final de la adolescente. La siguiente foto estaba en negro. Y la siguiente. Y la siguiente. Mi impaciencia y ansiedad crecían con cada golpe en la pantalla.

Esta vez fue el chico de pelo castaño el que apareció de repente. Debo admitir que hasta ese momento, él era mi principal sospechoso, pero al contemplar su cuerpo ensangrentado atravesando el parabrisas de su coche, descarté esa teoría. Sus ojos sangraban y el cristal del coche atravesaba su carne, sentí que su cuerpo podría contraerse de repente, tal y como había encontrado la muerte.

Asqueada pasé la fotografía. Negro. Negro.

La siguiente imagen pertenecía a una chica morena, de mayor edad que la adolescente y arrugas en sus ojos. Tendría unos 30. Era una foto seria, de ella mirando fijamente a la cámara. Rígida, recta y en traje de negocios. Parecía que la había hecho para el trabajo.

La fotografía siguiente mostraba un hombre con traje y de aspecto similar. ¿Un colega tal vez?

Unas cuantas fotografías en negro más y entonces la mujer reapareció. Estaba tirada en un suelo de hormigón, con un cuchillo clavado en el vientre y una mueca de terror. Sus ojos se veían ya sin vida, pero a diferencia de la primera joven, ella acababa de perderla. No había duda que la foto había sido tomada justo en el momento de morir.

Más imágenes de color negro. ¿Esto no acababa nunca?

Entonces vi al hombre del traje. Al menos yo estaba segura de que era el mismo hombre. Solo se podía ver su figura de espaldas, mientras colgaba ahorcado de una viga. No podíamos ver su rostro.

Me sentía enferma de nuevo.

Continué deslizando a través de la galería, pero siempre encontraba el mismo desagradable espectáculo. Unas cuantas fotos normales, y luego la muerte de los protagonistas. Siempre así, chica y chico.

Anna me quitó el telefono.

“Basta, Amanda. Esto no está ayudando”.

Podía sentir que mi pánico aumentaba rápidamente. Pensé que debíamos involucrar a la policía de inmediato, pero incluso esto me hizo sentirme muy nerviosa. Un teléfono repleto de fotografías de asesinatos acababa de aparecer en mi puerta. Por muy bien que lo explicara, parecería sospechosa.

Sin decir una palabra, saqué mi teléfono y llamé a mi padre. Saltó el contestador, así que dejé un mensaje de voz. “¿Puedes mirar esto y hablar con tus compañeros? Es probable que se trate de una broma, pero es una broma muy buena”.

Respiré profundamente varias veces y pensé que mi padre se pondría con ello. Todo iba a salir bien. Solo debemos tener cuidado hasta que nos llame.

Anna cogió de nuevo el teléfono. “Voy a mirar los contactos. Tal vez podamos averiguar algo. Quizás haya una pista ahí”.

Me quedé quieta mirando, mientras ella hojeaba el teléfono. Para ser franca, no quería mirar esa maldita cosa nunca más.

“Whoa… ¡Amanda mira esto!”

Miré a Anna con miedo. No quería seguir jugando a esto.

“¿Qué es?”, pregunté.

“Todos los contactos… son nombres de chicas”.

“¿Y…?”

“Veamos, si el teléfono pertenece a la primera chica y ella tenía novio… ¿Por qué no está su número apuntado?”

Eso era cierto. Miré los contactos. Todos chicas.

Deslicé el teléfono en busca de “Mi número” buscando la información del propietario. Abrí el menú y leí el nombre. Raro. Tina Drescher.

Inmediatamente me abalancé sobre el ordenador de Anna.

“¿Qué estás haciendo?”

“Trato de buscar alguna conexión”. Debía haber una relación entre el móvil y las chicas muertas. Entre Tina y las chicas. Algo debía conectarlas.

Puse el nombre en el navegador e hice click. Google escupió los resultados.

UNA ADOLESCENTE ES HALLADA MUERTA EN EL RECINTO ESCOLAR

La imagen del artículo no dejaba lugar a dudas, era Tina. Seguí leyendo.

La adolescente Tina Drescher ha sido hallada sin vida en el pequeño municipio de Winona. Su cuerpo fue encontrado el día 6 de abril de 2012 junto al edifico principal del Instituto de Secundaria. Aunque la policía continúa con las investigaciones, la muerte parece haber sido un suicidio.

“Si bien es lamentable, no es un hecho insólito”, informa el jefe de policía Robert Mansfields. “Cuando los adolescentes como Tina sufren una fuerte depresión, en ocasiones optan por tomar decisiones equivocadas. Es una lástima que Tina pensara que esa era su única opción”.

Los padres de Tina se encuentran conmocionados y sorprendidos.

“Tina era una niña feliz”, explica su madre entre lágrimas ante los reporteros del Canal 12. “Ella nunca habría hecho algo como esto”

Los estudiantes y miembros de la comunidad están invitados a asistir a una ceremonia en memoria de Tina el próximo 14 de abril, en el gimnasio de la Instituto de Secundaria de Winona.

 

“Prueba este”, dijo Anna. “Emily Tressor”.

Introduje el nombre en Google y este nos devolvió la foto de la mujer de pelo negro.

El artículo contaba que había sido hallada muerta en la salida de un bar de la zona centro. Pero había algo nuevo en esta muerte.

“Anna… esta chica fue agredida sexualmente”

“¿Qué?”

“Mira, aquí lo dice”.

“Eso no tiene sentido”. Ana frunció el ceño. “La otra chica se suicidó, mientras esta fue violada y luego asesinada. ¿Dónde esta la conexión?”.

Me encogí de hombros, pero aun así continuamos introduciendo nombres en la búsqueda.

Aparte de Tina, todos los artículos decían lo mismo. Mujeres asesinadas, presencia de semen y heridas en el cuerpo que indicaban un asalto sexual.

“Esto no tiene ningún sentido”. Mi frustración iba en aumento. “Estas chicas fueron tratadas con brutalidad. Todas, a excepción de Tina. ¿Qué le hace diferente?”, pregunté.

Anna meditó en silencio. “Tal vez es lo mismo”, dijo.

“¿Qué?”

“Piénsalo. Se mató, aparentemente sin razones para hacerlo, pero tal vez fue por eso que lo hizo”. Razonó Anna.

Las piezas hicieron click. “Pero, ¿qué pasa con su novio? ¿y con el resto de los chicos de las fotos? Están todos igualmente muertos, pero sus nombres no se guardan en la agenda”.

Está bien. Quien quiera que haga esto, viola y asesina a las chicas, pero ¿qué pasa con los chicos?, ¿por qué no mueren en primer lugar? ¿qué gana el asesino con sus muertes?…

Anna y yo estábamos aún más desconcertadas, cuando el teléfono sonó de nuevo.

BIP BIP BIP

Estoy empezando a odiar ese sonido, pensé mientras lo miraba nerviosa.

“Ponlo en altavoz”, sugirió Anna.

Respiré profundamente y respondí usando el altavoz, tal y como Anna había sugerido.

“¿Quién es?”, pregunté.

Solo silencio. Un silencio que iba poco a poco dañando mi salud mental.

Mi voz se rompió cuando pregunté “¿Qué es lo que deseas? ¿Por qué estás haciendo esto?”

“Mantente alejado de él”

Click.

¿Alejado de quién? ¿A quién se refiere? Espera, se refiere a Mr. Chico Malo. Él también sale en la fotografía que me ha enviado.

Una idea comenzó a tomar forma en mi mente. Quien esté haciendo esto viene a por mí, quiere violarme y matarme. Pero, ¿dónde encaja Derek (Mr. Chico Malo) en todo esto?

Mientras pensaba, oí a Anna jadear al lado.

“Las imágenes”, dijo ella.

“¿Qué?”

Tomó el teléfono en sus manos. “Mira las fotos de los chicos”. Mire con atención. El primer individuó salía del parabrisas, el segundo colgaba de una viga, el tercero se había cortado las venas, el cuarto tenía un tiro en la sien…

“Espera, son…”

¡Suicidios!”, terminó Anna por mí.

La última pieza pareció encajar.

“Él los engaña”, dije lentamente. “Va a por las chicas, las ataca y luego tiende una trampa a los hombres, obligándolos a matarse a sí mismos”.

Nos quedamos en silencio. Entonces di un salto, agarré mi bolso y salí corriendo.

“Espera Amanda, ¿dónde vas?”, gritó Anna tras de mí.

Paré en seco en la puerta. “Tengo que hablar con Derek. Tengo que decirle lo que pasa. No es consciente del peligro en que se encuentra”.

Abracé a Anna. “No puedes venir conmigo. Necesito que te quedes aquí, y te prepares por si debo volver a esconderme y dormir contigo”. Y porque no quiero que nadie te haga daño, añadí silenciosamente en mi mente.

Creo que me hubiera intentado seguir, pero le cerré la puerta antes de que pudiera decir nada. Cogí mi teléfono, gracias a Dios, yo también tenía el número de Derek guardado en mi lista de llamadas… Su teléfono ya estaba sonado cuando me subí a mi coche.

“Vaya, vaya, vaya… si es la chica más encantadora de la discoteca”, respondió.

Me sonrojé. Incluso en estas condiciones, su voz me estremeció. “Derek, necesito hablar contigo. Necesito verte. ¿Estás ocupado en este momento?”.

Casi podía oír su sonrisa de satisfacción. “¿Soy tan adorable que no puedes esperar a mañana para vernos? Bueno, me va bien. Podemos vernos, ¿por qué no vienes a mi casa?”.

Dudé. No era una buena idea, si iba a su casa mi acosador sabría donde vivía.

“Estaba pensando en un lugar más público…”

Él río. “¿No confías en mí todavía? Bueno, no hay ningún problema. ¿Qué tal un restaurante? Podemos tener una cita de verdad”. Propuso un restaurante en el centro, sorprendentemente caro, y yo acepté.

“Estaré allí en 20 minutos”.

“Es una cita”, dijo mientras sonreía.

Hablar con él me ayudó a encontrar mi fuerza interior y, por primera vez desde que encontré el teléfono, me enojé. Y mucho. Este tipo ¿creía que podría asustarme? ¿que podría intimidarme? Bien, pues no iba a ser tan sencillo. Si lograba matarme, me lo llevaría conmigo. Y entonces nunca más nadie sufriría el mismo destino.

Había cosas, sin embargo, que aún no lograba entender. Como por ejemplo, por qué esa chica me llamaba. ¿Trabajaba con él? ¿era su complice? ¿cual era su objetivo? Aún seguía pensando en ello cuando llegué al restaurante.

Me sentí más segura cuando vi a Derek aparecer, con su melena negra y su brillante sonrisa. Sentí que mis lágrimas escapaban de los ojos, a la vez que un alivio inmenso me inundaba. Tenía miedo de asustarlo, pero no pude evitar correr hasta sus brazos.

Él estaba completamente sorprendido, pero aun así me envolvió en un fuerte abrazo.“Ey, ey… ¿qué pasa?, ¿ocurre algo malo?”.

No pude responder, solo lloraba. “Está bien, cálmate. Cuéntame, no dejaré que nadie te haga daño”.

Me llevó hacia la parte trasera del local, donde pudimos sentarnos y hablar tranquilos. Allí le conté toda la historia: el teléfono extraviado, las llamadas, los mensajes, nuestra fotografía, las imágenes de los asesinatos… Él permaneció inmóvil, escuchando. Después de todo, terminé con la teoría del acosador.

“Tenía que contarte todo esto, porque creo que viene a por nosotros”, concluí antes de romper en llanto de nuevo. Derek se inclinó en la mesa, tomó mis manos y me miró fijamente mientras hablaba.

“Escúchame. No voy a dejar que este tipo se acerque a ti. ¿Ok? Todo irá bien”.

Asentí con la cabeza. Mis lágrimas de frustración, cambiaron por lágrimas de agradecimiento. Finalmente me sentía segura.

Era de noche cuando salimos del restaurante. Derek se ofreció a acogerme en su casa, pero me negué. No quería ponerlo en un mayor peligro del que ya corría. Además, estaba preocupada por Anna. ¿Qué pasaría si el tipo se presenta en su casa? La llamé para comprobar que estaba bien. Respondió al teléfono. Parecía tranquila, pero igualmente decidí volver a su casa cuanto antes.

Derek me estaba acompañando al coche, cuando de repente paró en seco.

“¿Qué pasa? ¿Algo va mal?”

Miró a su alrededor un momento y entonces me agarró del brazo con tal fuerza que me hizo daño. “Mierda, creo que está aquí”, susurró. “Sígueme”.

Corrí asustada calle abajo, arrastrada por su mano de hierro. Al final de la calle, giró a la derecha y se desvió a un callejón.

“Bueno, creo que nadie nos vio”…

Le miré a los ojos y supe que algo iba mal.

Derek me miraba, pero su sonrisa brillante se había vuelto muy oscura. Aún así, seguía sonriendo.

“Estás preocupada por tu acosador, ¿eh?… Normal, con eso de las violaciones y los asesinatos de chicas… aunque tengo una idea… Tal vez si yo hago su trabajo, él te deje en paz. ¿Qué te parece?”.

Me quede mirándole confundida. ¿Qué había ocurrido con el tipo protector que me había abrazado hacía un momento?

“¿De qué estás hablando?”

Dio un paso hacia mí. Di un paso hacia atrás. Él rió.

“¿Sabes por qué te he arrastrado a este callejón? Por qué aquí no hay ningún lugar al que correr, y aún así, invadida por el miedo, te dejas arrastrar y me crees cuando te digo que estamos siendo observados… estás loca, ¿lo sabías?”

Retrocedí hasta el final del callejón. Tenía el corazón en la garganta y empecé a darme cuenta de mi terrible error. Quería moverme, pero no pude. Tenía las manos húmedas y temblando. Efectivamente, no tenía escapatoria.

Derek se inclinó y se bajó la cremallera de sus pantalones vaqueros.

“Tienes suerte. Normalmente no foll* con chicas locas, pero contigo voy a hacer una excepción”.

Sus palabras parecieron sacarme del trance. Entré en modo pánico y antes de que supiera qué era lo que estaba haciendo, mi pierna le golpeó con fuerza justo donde más duele.

Gritó unas cuantas palabrotas, mientras se agarraba la dolorida entrepierna. Yo traté de correr, pero él logró agarrarme de nuevo con sus manos de acero. Podía sentir cómo se formaban hematomas en mi piel, bajo las puntas de sus dedos.

“Maldita zorr*, vas a pagar por esto. ¡Put* de mierda!”

Traté de liberarme de su brazo con todas mis fuerzas, pero él me agarró con la otra mano del pelo y tiró de mí. Extendí mi brazo libre y arañé sus ojos con mis uñas. Pude sentir cómo los dedos se me manchaban de sangre mientras él gritaba. Entonces soltó mi brazo para coger un cuchillo de su pantalón, mientras todavía continuaba sujetándome con fuerza por el pelo.

Luego, de repente, todo se detuvo.

No sé cómo, los dos supimos que alguien había aparecido en el callejón, tal vez alertado por los gritos. Él se giró para buscar al entrometido, y entonces yo pude verla.

Era la chica rubia de las fotos, su estatura menuda y sus intensos ojos azules. No había duda. Me miró fijamente unos segundos, justo antes de mirar a Derek.

A partir de ese momento no pude verla nunca más.

“¡Qué demonios! ¿Qué está ocurriendo?”, gritó Derek mientras me soltaba y retrocedía contra la pared del callejón. Para mí había desaparecido, pero fuera lo que fuera que Derek contemplaba, debía ser una auténtica tortura.

Él gritó con fuerza y trató de taparse sus ojos sanguinolentos. Me sorprendió que aún pudiera distinguir algo, con toda la sangre que manaba de las heridas que le había hecho. Se mantuvo así, de pie y gritando, durante largos segundos. Después salió corriendo de improviso del callejón.

Me quedé allí sola, temblando y respirando con dificultad.

BIP BIP BIP

Cogí el teléfono de mi bolso y delcogué con dificultad. No respondí, solo espere llorando en silencio.

Efetivamente, la voz de Tina llegó a través del altavoz.

“Te dije que te alejarás de él”.


Aunque informé del suceso a la policía, resulta que no debía preocuparme en exceso por él. Unas horas más tarde, fue hallado muerto en su coche. Se había encerrado en el garaje para asfixiarse con el humo del motor. Otro suicida más que añadir a la colección de fotos.

Más tranquila me pregunté, qué sería lo que vio en el callejón para empujarle a tomar esa decisión. También me di cuenta de lo equivocada que había estado con ese teléfono, con Tina. Ahora sabía por qué se había suicidado, y por qué su novio lo hizo poco después. Y qué es lo que había ocurrido con cada una de las mujeres que antes que yo, habían recibido ese teléfono.

Ella no trataba de hacernos daño. Solo intentaba protegernos.

Fuente: thoughtcatalog.com


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