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El pueblo donde la gente debe excavar para salir de casa

La idea de ser enterrado vivo mientras duermes puede ser aterradora, pero para los habitantes de Shoyna, Rusia, es el pan de cada día. Simple y llana rutina.

Street scene Aug. 2005

Street scene – Agosto de 2005

Situada al borde del círculo polar ártico, Shoyna es la ciudad desértica más al norte del mundo. Su geografía es fría, árida y llena de arena, que se extiende a lo largo de 10 kilómetros sobre la costa del Mar Blanco.

Tanto los aldeanos como sus rústicas casas de madera se encuentran a merced de los fuertes vientos que azotan la zona, capaces de sepultar una casa entera en cuestión de horas.

 

Durante el día, además de sus quehaceres, los aldeanos mantienen a raya la arena acumulada. Pero de noche, esta se acumula sin control hasta sepultar la vivienda.

Limpiar el polvo o barrer son tareas inútiles aquí. La gente está acostumbrada a convivir con la arena, jugar con ella y sentirla sobre la piel y bajo la ropa.

Shoyna fue un pueblo pesquero bastante importante en 1930, pero tras el recrudecimiento del clima, la sobrepesca y el auge del trabajo urbano, se ha convertido en poco menos que una aldea de menos de 300 habitantes.

Dos décadas después de que Shoyna cayera en la más absoluta decadencia,comenzaron los movimientos de arena.

Al principio solo eran rachas de viento y pequeños montones de tierra que se acumulaban junto a las paredes de los edificios, pero al finalizar la década de los 50 la arena comenzó a ser un problema muy serio.

Primero anegaron carreteras y caminos, después las casas e incluso los barcos. Las viviendas desocupadas fueron tragadas por completo.

La gente debía invertir una gran cantidad de su jornada en retirar la arena de sus casas. Pero no importaba lo que hicieran, o lo lejos que la llevaran, pues la arena volvía a aparecer.

Ni siquiera podían ausentarse de vacaciones unos días ya que, al regresar, la cantidad de tierra era tal que sus ocupantes precisaban varios días para abrir el camino al interior de la vivienda.

Esto contribuyó aún más al declive de la población, haciendo que la mayoría de sus habitantes la abandonaran sin mirar atrás.

A partir de 1980, la singularidad de Shoyna y sus arenas atrajeron el interés de la comunidad científica, arquitectónica y artística. El pueblo se convirtió en objeto de múltiples estudios y proyectos fotográficos. Los primeros de ellos, trataron de desentrañar los patrones de movimiento de los bancos de arena, o cómo construir edificios más resistentes a la erosión.

pueblo enterrado 19

Sin embargo, ninguno de estos proyectos ayudó a Shoyna y a su gente de ningún modo.

Hoy el lugar es un punto aislado del resto del mundo, solo accesible a través del mar, pues ninguna carretera, camino o vía de ferrocarril ha sobrevivido a estos 70 años de erosión. Apenas 300 personas, tan duras como el clima, plantan cara a las arenas, mientras algún fotógrafo curioso llega de tanto en cuando para dar fe de su extraño y hostil modo de vida.

Fuente: messynessychic.com


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